El fin de los “coffee shops” en los Países Bajos

Adiós a los “coffee shops”

Una de las curiosidades que más atraían la atención del viajero al viajar a los Países Bajos eran sus “coffee shops”; algo así como una “Arcadia feliz” para los amantes del cannabis y sus derivados; una especie de “Tierra prometida” para quienes se dejan seducir por los encantos vaporosos de lugares como el “Barrio Rojo” de Ámsterdam; un paraíso terrenal que atraía al año a miles de turistas al país de los tulipanes, pero que, sin embargo, parece que ha tocado a su fin.

Efectivamente, el anuncio del Gobierno holandés por el que se prohibía la venta de cannabis a los turistas, al tiempo que se restringiría el consumo de marihuana y hachís a los ciudadanos de los Países Bajos, parece suponer el fin de los “coffee shops” como paraísos turísticos del consumo de sustancias psicotrópicas, paraísos en que se habían convertido estos lugares y, por extensión, los Países Bajos.

El argumento en favor de esta prohibición estaría, en palabras de los ministros de Salud y Justicia, en “acabar con la criminalidad asociada a los ‘coffee shops’ y al tráfico de droga”. Con la nueva ley, sólo los ciudadanos holandeses podrán comprar marihuana y hachís. Además, cada consumidor tendrá que apuntarse a un determinado establecimiento durante un año, y cada “coffee shop” sólo podrá tener a 1.500 miembros. La iniciativa se hizo efectiva antes de finales de 2011 en las provincias de Limburg, Noord Brabant y Zelanda, y en 2012 para el resto del país.

Y es que, desde 1976, año en el que se comenzó a tolerar el consumo de esas sustancias en aquel país, los “coffee shops” se han ido convirtiendo en uno de los reclamos turísticos más importantes de los Países Bajos, generando un perfil de visitante que, con los años, ha ido incomodando a los ciudadanos holandeses, convirtiendo progresivamente a aquel país en un destino marginal y de escasos recursos que atraía mayoritariamente a quienes deseaban disfrutar de aquel “paraíso” del cannabis en el que los “coffee shops” constituían verdaderos supermercados en los que adquirir y consumir mil y una variedades de este psicotrópico en igual número de presentaciones y formatos.

Efectivamente, desde 1976 los Países Bajos han sido el destino obligado de peregrinaje, como si de La Meca o el Camino de Santiago se tratara, para los amantes del cannabis y los defensores de sus bondades, destino cuya existencia también se ponía como ejemplo por parte de los defensores de la legalización de la marihuana y sus derivados para poner de manifiesto que tal legalización no generaría más delincuencia ni marginalidad, permitiendo una simbiosis perfecta de convivencia ciudadana con la legalización del cannabis como trasfondo. Así, más de 200 “coffee shops” en Ámsterdam constituían el ejemplo vivo de que en un país desarrollado podía perfectamente legalizarse la venta y el consumo del cannabis sin generar ningún tipo de conflicto social.

No sólo diversión

Sin embargo, la realidad parece que es bien distinta. Ciertamente, los vecinos de los “coffee shops” parece que han llegado a un verdadero hartazgo al tener que soportar constantemente las peregrinaciones de turistas de todo el Mundo en busca de su maná psicotrópico que se exhibía en los mostradores y las barras de los “coffee shops” como si de un estanco al uso se tratara. Ruidos, delincuencia, prostitución, han ido, con los años, atrayendo los alrededores de los “coffee shops” como moscas a la miel, algo que ha llevado a las autoridades neerlandesas a poner punto final al turismo de “pipa” y “porro” que cada año viajaba a los Países Bajos a descubrir con sus propios ojos ese paraíso del cannabis, existiendo incluso una “Cannabis Cup”, competición internacional en la que los participantes prueban distintas sustancias a las que irán poniendo notas para establecer, al final, una lista de ganadoras, algo que, sin duda, parecía ya exceder los límites de la paciencia de los neerlandeses y de que las visitas a una de sus ciudades más emblemáticas, Ámsterdam, quedaran ya asociadas, indisolublemente, a un tipo de turismo en cierto modo “marginal”.

La prohibición por parte del Gobierno holandés coincide con el hecho de que, al parecer, el principal compuesto químico del cannabis cultivado, el “tetra-hidro-cannabiol”, ha experimentado en los últimos años, como consecuencia de las progresivas manipulaciones de los cultivadores particulares, una potenciación que ha conducido a la marihuana a llegar a ser catalogada en aquel país como “droga dura”, circunstancia que ha abierto las puertas a los que podríamos considerar como el principio del fin de los “coffee shops” y, por extensión, de una de las clases de turismo más peculiares y con la que mejor se identificaba en buena medida Holanda.

Españoles, italianos, norteamericanos, alemanes, franceses y así una larga lista de nacionalidades viajaban a los Países Bajos para experimentar esa sensación de libertad que parecía experimentarse por las calles de Ámsterdam, la “Venecia del norte”, donde las cada vez más crecientes prohibiciones parecían no existir y donde los tan visitados “coffee shops” compartían cartel con “sex-shops” y otros lugares que reivindicaban su lugar, especialmente en el “Barrio Rojo” de Ámsterdam como reclamo para turistas.

Por su parte, los dueños de este tipo de locales ya han denunciado que la prohibición aprobada por el Gobierno holandés supondrá, efectivamente, el fin de sus negocios, por cuanto la mayor parte de su clientela procedía del extranjero. Un duro mazazo a este “experimento” de libertad que comenzara por el año 1976 y que, según parece, el año 2012 supondrá el del comienzo de su fin.